Hoy me gustaría hablarte de algo ruidoso, querid@ lector. Querría comentare algunas cosas sobre la acústica, el ruido y la convivencia.
Cualquier persona que viva en un piso escucha de vez en cuando al vecino. Según los vecinos y los pisos, esta pequeña intrusión acústica tendrá mayor o menor incidencia por su intensidad y frecuencia. En primer lugar me gustaría ofrecer algunas pinceladas en lo referente a la acústica.
El sonido, por definición, se considera un fenómeno de propagación de una onda elástica, es decir, se trata de una perturbación de presión que se transmite a través de un medio. Quizás recuerdes aquello de que: "un despertador no sonará dentro de una campana de vacío", ese conocido axioma se basa en el hecho de que el sonido, como onda elástica, precisa de un medio de propagación que puede ser sólido, líquido o gaseoso, pero no puede transmitirse en el vacío como hace la luz. Su velocidad dependerá del medio de propagación, de sus propiedades físicas como la densidad, temperatura, etc; siendo conocida su velocidad en aire a 15ºC, 340m/s.
Conociendo su velocidad, tal y como nos decían los abuelos en días de tormenta eléctrica, podemos conocer la distancia a la que se encuentra una fuente sonora, en el caso del trueno y el relámpago, nos decían: "Cada 3 segundos entre que veas el relámpago y escuches el trueno, hay un kilómetro de distancia"; a grandes rasgos tenían razón, ya que al ver el relámpago, tomábamos consciencia del momento temporal en que la fuente emitía el sonido, y al escuchar el trueno conocíamos el instante en que la onda acústica nos alcanzaba, si relacionamos los datos temporales con la velocidad, se puede calcular la distancia a la fuente sonora. Lógicamente en esto hay mucha variación, porque nuestro ojo tiene un tiempo de latencia de respuesta, al igual que nuestro sistema auditivo. Curiosamente, el sonido puede no ser audible. Si la amplitud de las ondas de presión se encuentra fuera de nuestro rango no la oiremos. Sólo podemos percibir sonidos con frecuencias comprendidas entre los 20-20.000Hz. Quiero hablarte de estos sonidos.
En nuestro día a día estamos absolutamente inmersos en ambientes cargados de sonido, y digo sonido, porque el término ruido es muy relativo. Las definiciones actuales sobre el ruido siempre incluyen la opinión subjetiva del receptor, se suele considerar como ruido a "aquel sonido audible que resulta molesto", una definición muy vaga, ¿verdad? En lo que sí que se suele coincidir es que los ruidos de impacto son mucho más molestos que los ruidos continuos. De tal maneras, que vivimos bajo enormes cantidades de ruido continuo que "casi no percibimos" porque "nos hemos acostumbrado". Mientras esperamos poder cruzar la calle mientras los dos carriles fluyen con ferocidad y algarabía, nuestro cerebro disminuye nuestra sensación de molestia a ese ruido tan cotidiano, sin embargo, nuestro sistema osicular sigue funcionando al 100%. Lo maltratamos a diario, especialmente si vives en un pueblo suficientemente grande o en una ciudad. Dedicaré otra entrada a explicar al detalle cómo funciona nuestro sistema auditivo, pero hoy me gustaría de hablar de los hábitos auditivos. He decir que la mayoría suspende, la mala educación en lo referente a la contaminación acústica es un déficit global y lo considero un serio problema. Los últimos avances tecnológicos y el progresivo alejamiento del ser humano de sí mismo y de los otros seres humanos favorece que esto sea así.
La frenética rutina del día a día, hace imposible pararse un momento a escuchar el mundo, el susurro el aire o el piar de los pájaros a lo lejos, que casi podríamos tachar de silencio ya que apenas rondarán los 25-30dB. Según la OMS, dentro de casa no deberíamos superar jamás los 50dB, y sin embargo esto casi nunca se cumple. El tráfico rodado medio de cualquier calle con afluencia elevará la medición del sonómetro hasta los 90dB con facilidad, una conversación normal, hasta los 75-85dB. El "murmullo" del tráfico de la ciudad nos ofrecerá unos 50dB de fondo de forma continua. He de subrayar que nuestra media de exposición diaria no debe de superar los 85dB o podría generar patologías auditivas, por eso para ciertos trabajos se han de utilizar protectores y disminuir las horas de trabajo en sometimiento a ambientes con altos niveles de sonido. El umbral de molestia humana rondará los 100dB y el del dolor los 120dB, exposiciones como éstas contienen una alta energía mecánica que pueden, literalmente, reventarnos los oídos. Hablaré más sobre esto en adelante.
Sometidos diariamente a enormes cantidades de ruido que no podemos controlar, generalmente no cuidamos lo que sí podemos controlar. Se ha tomado por costumbre el uso indebido de cascos. El problema no está en los cascos, usados correctamente no hay ningún riesgo en usarlos, sin embargo no se utilizar para escuchar, sino que habitualmente los usuarios los utilizan como medio para aislarse. Si voy por la calle, con un ruido ambiente de unos 60dB y quiero escuchar mi canción favorita perfectamente, no me queda otra que elevar el nivel de intensidad de mi reproductor hasta los 90dB-100dB. Además no sólo voy a hacer esto para mi canción favorita, sino que mantendré así el volumen durante todo mi tiempo de uso.
Algunas personas escuchan música durante muchas horas al día, mientras se desplazan, hacen deporte, trabajan, estudian o durante su ocio. Súmale que por ejemplo vaya a menudo a discotecas donde también "ponen la música a toda pastilla". Son demasiadas horas a esa intensidad. Por no hablar, de que si te aíslas del mundo, no podrás percibir el peligro, será tan peligroso como caminar mirando fijamente al teléfono móvil, no serás capaz de darte cuenta de lo que pasa a tu alrededor. Te pondrás en peligro y te perderás muchas cosas. Para escuchar música, ver la tele u otras acciones similares, debemos imponer un nivel de intensidad "que nos cueste un poco escuchar". De esta forma podremos evitar la fatiga auditiva y las pérdidas temporales y definitivas que la exposición al ruido provoca. Verdaderamente es abrumadora la cantidad de personas muy jóvenes que comienzan a desarrollar hipoacusia por culpa de estos malos hábitos.
Además de todo este estrés auditivo, habrá de sumársele otra componente. La convivencia. A día de hoy, los vecinos no se respetan como antes. Si tengo que mover una silla, la arrastro... ¡No es para tanto! Pues sí lo es, lamento comunicarte que el sonido se transmite de forma maravillosa a través de los tabiques, techos y suelos. Tu vecino de abajo no sólo va a escuchar el arrastre de la silla desde el techo, se transmitirá por paredes y suelo, generando un ruido casi omnidireccional que puede amplificarse si se forman ondas estacionarias. Lo estás jodiendo mucho. Además tú solito estás generando ruidos de impacto que no sólo molestan al colindante, también te afectan a ti. Fíjate en tus hábitos cotidianos: ¿Desde qué altura dejas caer los zapatos al suelo?, ¿Eres cuidadoso con el ruido que haces al fregar los cubiertos y platos?, ¿Te cuidas de no golpear las paredes ni dar portazos?, ¿Utilizas protectores auditivos en ambientes de alto nivel de intensidad?, ¿Hablas muy alto?, ¿Pones la radio a todo volumen cuando vas en el coche?, ¿Permites que tus perros ladren todo el día?...
Plantéatelo, auxilia a tu cuerpo y a tu mente. La otosociología ya nos ha dado datos claros al respecto, el estrés auditivo causa estragos en las personas. Cuídate a ti y a los demás.
Gracias por prestarme tu tiempo.
En nuestro día a día estamos absolutamente inmersos en ambientes cargados de sonido, y digo sonido, porque el término ruido es muy relativo. Las definiciones actuales sobre el ruido siempre incluyen la opinión subjetiva del receptor, se suele considerar como ruido a "aquel sonido audible que resulta molesto", una definición muy vaga, ¿verdad? En lo que sí que se suele coincidir es que los ruidos de impacto son mucho más molestos que los ruidos continuos. De tal maneras, que vivimos bajo enormes cantidades de ruido continuo que "casi no percibimos" porque "nos hemos acostumbrado". Mientras esperamos poder cruzar la calle mientras los dos carriles fluyen con ferocidad y algarabía, nuestro cerebro disminuye nuestra sensación de molestia a ese ruido tan cotidiano, sin embargo, nuestro sistema osicular sigue funcionando al 100%. Lo maltratamos a diario, especialmente si vives en un pueblo suficientemente grande o en una ciudad. Dedicaré otra entrada a explicar al detalle cómo funciona nuestro sistema auditivo, pero hoy me gustaría de hablar de los hábitos auditivos. He decir que la mayoría suspende, la mala educación en lo referente a la contaminación acústica es un déficit global y lo considero un serio problema. Los últimos avances tecnológicos y el progresivo alejamiento del ser humano de sí mismo y de los otros seres humanos favorece que esto sea así.
La frenética rutina del día a día, hace imposible pararse un momento a escuchar el mundo, el susurro el aire o el piar de los pájaros a lo lejos, que casi podríamos tachar de silencio ya que apenas rondarán los 25-30dB. Según la OMS, dentro de casa no deberíamos superar jamás los 50dB, y sin embargo esto casi nunca se cumple. El tráfico rodado medio de cualquier calle con afluencia elevará la medición del sonómetro hasta los 90dB con facilidad, una conversación normal, hasta los 75-85dB. El "murmullo" del tráfico de la ciudad nos ofrecerá unos 50dB de fondo de forma continua. He de subrayar que nuestra media de exposición diaria no debe de superar los 85dB o podría generar patologías auditivas, por eso para ciertos trabajos se han de utilizar protectores y disminuir las horas de trabajo en sometimiento a ambientes con altos niveles de sonido. El umbral de molestia humana rondará los 100dB y el del dolor los 120dB, exposiciones como éstas contienen una alta energía mecánica que pueden, literalmente, reventarnos los oídos. Hablaré más sobre esto en adelante.Sometidos diariamente a enormes cantidades de ruido que no podemos controlar, generalmente no cuidamos lo que sí podemos controlar. Se ha tomado por costumbre el uso indebido de cascos. El problema no está en los cascos, usados correctamente no hay ningún riesgo en usarlos, sin embargo no se utilizar para escuchar, sino que habitualmente los usuarios los utilizan como medio para aislarse. Si voy por la calle, con un ruido ambiente de unos 60dB y quiero escuchar mi canción favorita perfectamente, no me queda otra que elevar el nivel de intensidad de mi reproductor hasta los 90dB-100dB. Además no sólo voy a hacer esto para mi canción favorita, sino que mantendré así el volumen durante todo mi tiempo de uso.
Algunas personas escuchan música durante muchas horas al día, mientras se desplazan, hacen deporte, trabajan, estudian o durante su ocio. Súmale que por ejemplo vaya a menudo a discotecas donde también "ponen la música a toda pastilla". Son demasiadas horas a esa intensidad. Por no hablar, de que si te aíslas del mundo, no podrás percibir el peligro, será tan peligroso como caminar mirando fijamente al teléfono móvil, no serás capaz de darte cuenta de lo que pasa a tu alrededor. Te pondrás en peligro y te perderás muchas cosas. Para escuchar música, ver la tele u otras acciones similares, debemos imponer un nivel de intensidad "que nos cueste un poco escuchar". De esta forma podremos evitar la fatiga auditiva y las pérdidas temporales y definitivas que la exposición al ruido provoca. Verdaderamente es abrumadora la cantidad de personas muy jóvenes que comienzan a desarrollar hipoacusia por culpa de estos malos hábitos.
Además de todo este estrés auditivo, habrá de sumársele otra componente. La convivencia. A día de hoy, los vecinos no se respetan como antes. Si tengo que mover una silla, la arrastro... ¡No es para tanto! Pues sí lo es, lamento comunicarte que el sonido se transmite de forma maravillosa a través de los tabiques, techos y suelos. Tu vecino de abajo no sólo va a escuchar el arrastre de la silla desde el techo, se transmitirá por paredes y suelo, generando un ruido casi omnidireccional que puede amplificarse si se forman ondas estacionarias. Lo estás jodiendo mucho. Además tú solito estás generando ruidos de impacto que no sólo molestan al colindante, también te afectan a ti. Fíjate en tus hábitos cotidianos: ¿Desde qué altura dejas caer los zapatos al suelo?, ¿Eres cuidadoso con el ruido que haces al fregar los cubiertos y platos?, ¿Te cuidas de no golpear las paredes ni dar portazos?, ¿Utilizas protectores auditivos en ambientes de alto nivel de intensidad?, ¿Hablas muy alto?, ¿Pones la radio a todo volumen cuando vas en el coche?, ¿Permites que tus perros ladren todo el día?...
Plantéatelo, auxilia a tu cuerpo y a tu mente. La otosociología ya nos ha dado datos claros al respecto, el estrés auditivo causa estragos en las personas. Cuídate a ti y a los demás.
Gracias por prestarme tu tiempo.









