Hoy lo volví a hacer
Hoy vino un técnico de cierta empresa distribuidora de "megas" para "conectarme a la sociedad". Se trataba de un novato ligeramente despistado y visiblemente cansado. La rutina que vendría me la conocía bastante bien porque ya he vivido en varios "pisos de estudiantes" y conozco el trámite de "poner y quitar internet".
Al poco de cruzar dos o tres palabras lo hice. Le ofrecí un vaso de agua fría. ¿Por qué?, por empatía, por ese sentimiento natural y puro tan olvidado y condenado. En aquel momento pensé: Esta persona trabaja yendo de casa en casa, seguramente venga de perder los nervios tratando de encontrar aparcamiento, de armarse de ánimo porque no sabe qué vas a encontrar en esa casa. Porque no sólo estarán los problemas derivados de la instalación de la misma o de los cajetines de la calle, los errores de conexión con la central, etc; sino que... vete tú a saber, quién está en esa casa y cómo te tratarán esta vez. La rutina se repite inevitablemente: subes las escaleras, llegas a la casa, compruebas la instalación, bajas a la calle, buscas los cajetines, conectas, sube de nuevo hasta la casa, encuentras un nuevo problema, bajas de nuevo, arreglas algo, subes de nuevo... fallo de conexión, vuelves a comprobar... bajas, subes... problemas, problemas.... Y es que, cuando un trabajo consiste en arreglar, montar, conectar o parecidos, a lo que te enfrentes cada día es a mil problemas, como en casi cualquier trabajo y obligación de este mundo. Yo sabía esto e igualmente sabía que en la calle hacía un calor de mil demonios porque el otoño aún no había dado señal de presentarse y nuestra situación temporal rondaba las cuatro de la tarde.
¿Cómo no hacerlo? Yo sabía eso. Cuando me ha tocado a mí he agradecido como agua de mayo cualquier ápice de apoyo. No puedo ofrecer mucho a esta persona desconocida. Tengo para darle una sonrisa, tengo un vasito de agua fría y tengo paciencia. La instalación duró 3h en las que el técnico desaparecía y volvía. Cuánto más tiempo pasaba más cansada estaba y más sentía que estaba perdiendo toda mi tarde pero no podía evitar pensar en la mala tarde que debía de estar pasando también esta persona. Verdaderamente no opino que las personas seamos hostiles en realidad, vivimos en un mundo donde los desconocidos no existen, son sólo sombras; extras de fondo desenfocados que sólo rellenan plano en las escenas de nuestra vida. No son personas. Pero para mí sí lo son, ¿por qué?, porque yo soy una desconocida para cientos, miles.... millones de personas y no soy una sombra, soy una persona y por tanto, esos otros millones de desconocidos que existen por el mundo también deben de serlo.
Cuando se ofrece "un vaso de agua" pueden pasar muchas cosas.
En este caso que te relato, rechazó muy educadamente mi ofrecimiento pero al instante noté como esta persona desconocida se relajaba, se sentía abierta a contarme pequeñas banalidades y pinceladas de su vida. Obviamente nada importante, no debe serlo porque somos desconocidos pero con tan solo ese gesto hemos pasado de ser dos personas distanciadas por miles de kilómetros imaginarios a estar a un par de metros, a ser conscientes de estar frente a otra persona, que al igual que tú, tiene sentimientos, preocupaciones, necesidades, sueños... ¡De repente existe!. Sin embargo, como decía antes, cuando ofrezcas un gesto, querido lector, pueden pasar muchas cosas, puedes llegar a conectar con ese desconocido durante dos segundos y convertiros en dos personas verdaderamente humanas o puede que no lo consigas. Déjame contarte un par de ejemplos que he vivido. Recuerdo con mucho cariño a cierto desconocido, un hombre maduro que vino a casa sin avisar y que sencillamente venía a conectar mi bloque a la TDT. Rememoro este ejemplo con especial cariño porque fue, para mí, el momento en que me di verdaderamente cuenta de lo importante de esos gestos. Porque alguien puede decírtelo, puedes ver un video de YouTube precioso que te haga llorar y tomar consciencia... pero lo más probable es que a las dos horas no recuerdes nada de eso. Yo eso aún lo recuerdo a menudo y por eso es importante, fue mi particular iluminación. Volviendo al caso, dos desconocidos en una situación extraña. Tengo que dejar entrar a un desconocido a mi casa, dejarlo taladrar, ensuciar, hacer ruido y encima tengo que estar pendiente de él hasta que se vaya... porque claro, es un extraño. Yo no conectaba, pero él sí lo hizo. No sabría reproducir literal qué dijo, fue algo tan sencillo. Me trató como a una persona, simplemente me dijo qué estaba haciendo, me preguntó si me molestaba y que lamentaba que fuera así, que trataría en lo posible que tardar lo menos posible. Me sentí conectada de repente, me sentí humana, me di cuenta de que esta persona llevaba horas de trabajo para arriba y para abajo, de casa en casa pero sin poder si quiera beber un sorbito de agua. Y fue entonces cuando se me ocurrió ofrecer un vaso de agua. Aquel señor, de repente me miró a los ojos, soltó los alicates y me dijo: "Pues sí, sí quiero. ¡Muchas gracias!". Se bebió casi entera una jarra de medio litro, verdaderamente estaba sediento. Me regaló una sonrisa preciosa, me dio las gracias de corazón, se relajó y me dijo que llevaba horas sediento pero que por lo apremiante del trabajo no podía parar a comprar agua o a buscar una fuente. Y tras pensar un pequeño instante, me preguntó con timidez: ¿Podría ir a echar una "meailla"?. Me reí de corazón - ¡Claro!. Cuando este señor salió del baño volvía con una sonrisa de oreja a oreja - Puff... ¡No aguantaba más!. Al poco, acabó la instalación, dio otro sorbito al vaso de agua, me dió las gracias y se marchó con una sonrisa que no traía. Y allí me quedé yo, pensando mientras barría. Qué gesto tan tonto y cuánto ha significado. Yo he dado muchas clases particulares a domicilio y entiendo muy bien esa sensación de estar en casa ajena con la vejiga a reventar y en verdad es una sensación maravillosa cuando te dan permiso para escabullirte un minuto al baño. Es gloria.
Recordé entonces a aquella abuela que en un semáforo te dice que tengas cuidado, que los coches pasan muy cerca... recordé aquella frutera que me saludó con una sonrisa y me alegró el día. Me di cuenta de esa red de desconocidos que existen. Desde entonces decidí que debía intentar ofrecer "un vaso de agua" cada día. A veces, este vaso de agua, es darte cuenta de que una persona cargada está cerca y de que tienes tiempo de atenderla y en vez de dedicarte a mirar, saltar como un resorte y preguntar: ¿Te echo una mano?. No siempre lograrás algo, pero a veces se consigue. Una vez me llevé un bolsazo de una abuela que caminaba con mucha dificultad y apenas podía arreglárselas para entrar en su portal. Se me ocurrió liberar un "¿le ayudo, señora?" y me llevé una reprimenda y un bolsazo, porque aquella buena señora pensaba que yo trataba de robarle. Pero sin embargo, otras, he recogido cartas, chupetes, móviles, etc... y devuelto al instante a su propietario con quien si conecté durante un segundo. No más, claro. Son gestos instantáneos en su mayoría pero si ese minúsculo gesto te hace sentir bien durante todo el día, creo que se puede tachar de titánico.
Piénsalo un segundo. ¿Verdad que a ti también te ha tratado un desconocido como a otra persona?. Seguro que vienen a la mente un par de casos y cada vez más. Inevitablemente también recordarás cuando te trataron mal gratuitamente, pero si haces balance... ¿qué predomina?. Hay muchas buenas personas en este mundo, MUCHAS. Hay mil ejemplos que has visto seguro, aquella persona a la que el camarero no atendía porque estaba muy ocupado y en vez de largarse sin pagar espera o deja lo que debe en la barra; aquella persona que te cede el paso con una sonrisa al encontrarte en una puerta; aquella que sin darse cuenta te dió un codazo y en vez de mirarte por encima del hombro con gesto áspero por estar en medio, se da la vuelta y con un ligero toque sobre tu hombro te pide disculpas con una sonrisa. Hay locos que parados en un semáforo se bajan de coche para ayudar al que cruza, porque sea un abuelo de piernas temblorosas o un persona cargada que por cruzar rápido pierde un paquete en el cruce.
Yo creo que es una locura preciosa. Yo lo llamo " ofrecer vasos de agua", otros lo llaman altruismo. Da igual como lo llames, te invito a practicarlo a menudo. Es fugaz como la lluvia de estrellas pero no se puede negar la belleza y la luz que contiene. Iluminemos el mundo. La sociedad borra nuestra humanidad, nos hace "malos por naturaleza" cuando individualmente somos "buenos por naturaleza".
Si te animas, querido lector, no decaigas cuando no logres la conexión, habrá quien incluso malinterprete tu ofrecimiento, que piense que tratas de hacerle daño, robarle o que tengas un interés sexual tras tu buen gesto. Mantén una distancia segura, usa la lógica, ayuda en lo que puedas pero siendo consciente de que pueden hacerte daño, de que es una posibilidad pero no una certeza. La probabilidad de que "ofreciendo vasos de agua" puedas hacer feliz a otra persona aunque sea sólo durante un segundo es enorme y además podrás comprobar que esa felicidad no sólo la sentirá esa persona, también la sentirás tú. Sé feliz.
Gracias por prestarme tu tiempo.
Hoy vino un técnico de cierta empresa distribuidora de "megas" para "conectarme a la sociedad". Se trataba de un novato ligeramente despistado y visiblemente cansado. La rutina que vendría me la conocía bastante bien porque ya he vivido en varios "pisos de estudiantes" y conozco el trámite de "poner y quitar internet".
Al poco de cruzar dos o tres palabras lo hice. Le ofrecí un vaso de agua fría. ¿Por qué?, por empatía, por ese sentimiento natural y puro tan olvidado y condenado. En aquel momento pensé: Esta persona trabaja yendo de casa en casa, seguramente venga de perder los nervios tratando de encontrar aparcamiento, de armarse de ánimo porque no sabe qué vas a encontrar en esa casa. Porque no sólo estarán los problemas derivados de la instalación de la misma o de los cajetines de la calle, los errores de conexión con la central, etc; sino que... vete tú a saber, quién está en esa casa y cómo te tratarán esta vez. La rutina se repite inevitablemente: subes las escaleras, llegas a la casa, compruebas la instalación, bajas a la calle, buscas los cajetines, conectas, sube de nuevo hasta la casa, encuentras un nuevo problema, bajas de nuevo, arreglas algo, subes de nuevo... fallo de conexión, vuelves a comprobar... bajas, subes... problemas, problemas.... Y es que, cuando un trabajo consiste en arreglar, montar, conectar o parecidos, a lo que te enfrentes cada día es a mil problemas, como en casi cualquier trabajo y obligación de este mundo. Yo sabía esto e igualmente sabía que en la calle hacía un calor de mil demonios porque el otoño aún no había dado señal de presentarse y nuestra situación temporal rondaba las cuatro de la tarde.
¿Cómo no hacerlo? Yo sabía eso. Cuando me ha tocado a mí he agradecido como agua de mayo cualquier ápice de apoyo. No puedo ofrecer mucho a esta persona desconocida. Tengo para darle una sonrisa, tengo un vasito de agua fría y tengo paciencia. La instalación duró 3h en las que el técnico desaparecía y volvía. Cuánto más tiempo pasaba más cansada estaba y más sentía que estaba perdiendo toda mi tarde pero no podía evitar pensar en la mala tarde que debía de estar pasando también esta persona. Verdaderamente no opino que las personas seamos hostiles en realidad, vivimos en un mundo donde los desconocidos no existen, son sólo sombras; extras de fondo desenfocados que sólo rellenan plano en las escenas de nuestra vida. No son personas. Pero para mí sí lo son, ¿por qué?, porque yo soy una desconocida para cientos, miles.... millones de personas y no soy una sombra, soy una persona y por tanto, esos otros millones de desconocidos que existen por el mundo también deben de serlo.
Cuando se ofrece "un vaso de agua" pueden pasar muchas cosas. En este caso que te relato, rechazó muy educadamente mi ofrecimiento pero al instante noté como esta persona desconocida se relajaba, se sentía abierta a contarme pequeñas banalidades y pinceladas de su vida. Obviamente nada importante, no debe serlo porque somos desconocidos pero con tan solo ese gesto hemos pasado de ser dos personas distanciadas por miles de kilómetros imaginarios a estar a un par de metros, a ser conscientes de estar frente a otra persona, que al igual que tú, tiene sentimientos, preocupaciones, necesidades, sueños... ¡De repente existe!. Sin embargo, como decía antes, cuando ofrezcas un gesto, querido lector, pueden pasar muchas cosas, puedes llegar a conectar con ese desconocido durante dos segundos y convertiros en dos personas verdaderamente humanas o puede que no lo consigas. Déjame contarte un par de ejemplos que he vivido. Recuerdo con mucho cariño a cierto desconocido, un hombre maduro que vino a casa sin avisar y que sencillamente venía a conectar mi bloque a la TDT. Rememoro este ejemplo con especial cariño porque fue, para mí, el momento en que me di verdaderamente cuenta de lo importante de esos gestos. Porque alguien puede decírtelo, puedes ver un video de YouTube precioso que te haga llorar y tomar consciencia... pero lo más probable es que a las dos horas no recuerdes nada de eso. Yo eso aún lo recuerdo a menudo y por eso es importante, fue mi particular iluminación. Volviendo al caso, dos desconocidos en una situación extraña. Tengo que dejar entrar a un desconocido a mi casa, dejarlo taladrar, ensuciar, hacer ruido y encima tengo que estar pendiente de él hasta que se vaya... porque claro, es un extraño. Yo no conectaba, pero él sí lo hizo. No sabría reproducir literal qué dijo, fue algo tan sencillo. Me trató como a una persona, simplemente me dijo qué estaba haciendo, me preguntó si me molestaba y que lamentaba que fuera así, que trataría en lo posible que tardar lo menos posible. Me sentí conectada de repente, me sentí humana, me di cuenta de que esta persona llevaba horas de trabajo para arriba y para abajo, de casa en casa pero sin poder si quiera beber un sorbito de agua. Y fue entonces cuando se me ocurrió ofrecer un vaso de agua. Aquel señor, de repente me miró a los ojos, soltó los alicates y me dijo: "Pues sí, sí quiero. ¡Muchas gracias!". Se bebió casi entera una jarra de medio litro, verdaderamente estaba sediento. Me regaló una sonrisa preciosa, me dio las gracias de corazón, se relajó y me dijo que llevaba horas sediento pero que por lo apremiante del trabajo no podía parar a comprar agua o a buscar una fuente. Y tras pensar un pequeño instante, me preguntó con timidez: ¿Podría ir a echar una "meailla"?. Me reí de corazón - ¡Claro!. Cuando este señor salió del baño volvía con una sonrisa de oreja a oreja - Puff... ¡No aguantaba más!. Al poco, acabó la instalación, dio otro sorbito al vaso de agua, me dió las gracias y se marchó con una sonrisa que no traía. Y allí me quedé yo, pensando mientras barría. Qué gesto tan tonto y cuánto ha significado. Yo he dado muchas clases particulares a domicilio y entiendo muy bien esa sensación de estar en casa ajena con la vejiga a reventar y en verdad es una sensación maravillosa cuando te dan permiso para escabullirte un minuto al baño. Es gloria.
Recordé entonces a aquella abuela que en un semáforo te dice que tengas cuidado, que los coches pasan muy cerca... recordé aquella frutera que me saludó con una sonrisa y me alegró el día. Me di cuenta de esa red de desconocidos que existen. Desde entonces decidí que debía intentar ofrecer "un vaso de agua" cada día. A veces, este vaso de agua, es darte cuenta de que una persona cargada está cerca y de que tienes tiempo de atenderla y en vez de dedicarte a mirar, saltar como un resorte y preguntar: ¿Te echo una mano?. No siempre lograrás algo, pero a veces se consigue. Una vez me llevé un bolsazo de una abuela que caminaba con mucha dificultad y apenas podía arreglárselas para entrar en su portal. Se me ocurrió liberar un "¿le ayudo, señora?" y me llevé una reprimenda y un bolsazo, porque aquella buena señora pensaba que yo trataba de robarle. Pero sin embargo, otras, he recogido cartas, chupetes, móviles, etc... y devuelto al instante a su propietario con quien si conecté durante un segundo. No más, claro. Son gestos instantáneos en su mayoría pero si ese minúsculo gesto te hace sentir bien durante todo el día, creo que se puede tachar de titánico.
Piénsalo un segundo. ¿Verdad que a ti también te ha tratado un desconocido como a otra persona?. Seguro que vienen a la mente un par de casos y cada vez más. Inevitablemente también recordarás cuando te trataron mal gratuitamente, pero si haces balance... ¿qué predomina?. Hay muchas buenas personas en este mundo, MUCHAS. Hay mil ejemplos que has visto seguro, aquella persona a la que el camarero no atendía porque estaba muy ocupado y en vez de largarse sin pagar espera o deja lo que debe en la barra; aquella persona que te cede el paso con una sonrisa al encontrarte en una puerta; aquella que sin darse cuenta te dió un codazo y en vez de mirarte por encima del hombro con gesto áspero por estar en medio, se da la vuelta y con un ligero toque sobre tu hombro te pide disculpas con una sonrisa. Hay locos que parados en un semáforo se bajan de coche para ayudar al que cruza, porque sea un abuelo de piernas temblorosas o un persona cargada que por cruzar rápido pierde un paquete en el cruce.
Yo creo que es una locura preciosa. Yo lo llamo " ofrecer vasos de agua", otros lo llaman altruismo. Da igual como lo llames, te invito a practicarlo a menudo. Es fugaz como la lluvia de estrellas pero no se puede negar la belleza y la luz que contiene. Iluminemos el mundo. La sociedad borra nuestra humanidad, nos hace "malos por naturaleza" cuando individualmente somos "buenos por naturaleza".
Si te animas, querido lector, no decaigas cuando no logres la conexión, habrá quien incluso malinterprete tu ofrecimiento, que piense que tratas de hacerle daño, robarle o que tengas un interés sexual tras tu buen gesto. Mantén una distancia segura, usa la lógica, ayuda en lo que puedas pero siendo consciente de que pueden hacerte daño, de que es una posibilidad pero no una certeza. La probabilidad de que "ofreciendo vasos de agua" puedas hacer feliz a otra persona aunque sea sólo durante un segundo es enorme y además podrás comprobar que esa felicidad no sólo la sentirá esa persona, también la sentirás tú. Sé feliz.
Gracias por prestarme tu tiempo.

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